A partir de la conjunción de dos grandes referentes del arte de vanguardia como lo fueron Emilio Pettorutti y Xul Solar, la galería Delinfinito propone una muestra denominada “Nuevo Mundo”, curada por Javier Villa, la misma cuenta con más de 50 magníficas piezas que celebran el desembarco del movimiento vanguardista y los aires renovadores que ambos artistas trajeron consigo desde Europa en 1924.

Pettorutti y su muestra en el Salón Witcomb

Inicialmente, Pettorutti y Solar habían planificado una exhibición conjunta. Sin embargo, Pettoruti terminó presentando una exposición individual con sus diseños futuristas en el Salón Witcomb. Su libro autobiográfico, “Un pintor ante el espejo”, relata cómo solicitó una audiencia con el presidente Marcelo Torcuato de Alvear para invitarlo a la inauguración. El presidente aceptó, pero debido a posibles disturbios, acordaron que asistiría a las once de la mañana. Aunque Pettoruti solo había notificado a sus amigos más cercanos, cuando Alvear llegó ya se había congregado una multitud. Según el pintor, “Alvear estuvo muy simpático, contempló atentamente los cuadros y me deseó buena fortuna más la chance de salir indemne de la prueba que me aguardaba. ‘¡Plazca al Cielo –me deseó- que no necesite usted esta tarde de los servicios de la Asistencia Pública!’” Esa noche, la discusión estética desembocó en una intervención policial.

El contexto cultural y social de los “locos años veinte”

A pesar de la resistencia conservadora a la innovación, Buenos Aires se encontraba inmersa en los denominados “locos años veinte”, con un ritmo similar al de París y Berlín, aunque con un trasfondo político-económico diferente. La década fue testigo de los “últimos años felices de hombres felices”, un período de prosperidad económica, precios agrícolas internacionales en alza y una fuerte inmigración europea.

El presidente Alvear fue un gran protector de los artistas, apoyándolos con becas, premios e incluso empleos públicos. La escena literaria también florecía, con la presencia de escritores que vivían de su oficio y la proliferación de revistas literarias como “Proa”, “Martín Fierro” y “Campana de Palo”. Junto a grandes figuras como Macedonio Fernández, Oliverio Girondo, Leopoldo Lugones, Norah Lange, Roberto Arlt y Ricardo Güiraldes, Xul y Pettoruti entablaron amistad, especialmente con Jorge Luis Borges.

La influencia de Xul Solar en Borges

La vasta biblioteca de Xul Solar, que trascendía los límites de Occidente, cautivó a Borges. Su sabiduría en lingüística, religiones, astrología y filosofía hermética consolidó una mutua admiración. En “El tamaño de mi esperanza”, Borges escribió: “Ya Buenos Aires, más que una ciudad es un país y hay que encontrarle la poesía y la música y la religión y la metafísica que con su grandeza se avienen”. No es casual que dedique este libro a Xul, creador del neocriollo, una lengua que fusiona palabras del castellano y el portugués para facilitar la comunicación en una utópica “Confederación de los Estados Latinoamericanos del futuro”.

El diseño expositivo de la muestra

Para el diseño expositivo, Javier Villa se inspiró en las arquitecturas laberínticas de Xul Solar y en el juego de planos que Pettoruti empleaba para investigar la luz. La muestra incluye emblemáticas obras de Pettoruti, otras menos conocidas e incluso algunas inéditas. El espacio más destacado reconstruye la muestra de pinturas, dibujos y bocetos para vitrales de Pettoruti en el Salón Witcomb.

El legado de Pettoruti y Xul Solar

Pettoruti fue un pintor combativo y polémico, cuyas obras sufrieron agresiones de un público belicoso. En 1962, Borges escribió el prólogo para la muestra homenaje del Museo de Bellas Artes, donde reconoció la obra “noble y rigurosa” de Pettoruti, calificándolo como un “CLÁSICO”. Villa destaca que la muestra busca transmitir la búsqueda de un “nuevo mundo” por parte de Xul Solar y Pettoruti, quienes representaban tanto la modernidad como la aspiración de encontrar las palabras de una mitología criolla.