Aranceles: Una solución ilusoria para el déficit comercial estadounidense
En un contexto global marcado por tensiones comerciales, la administración Trump está reviviendo el debate sobre los aranceles como herramienta clave de política comercial. El presidente ha manifestado su intención de imponer gravámenes del 25% a las importaciones provenientes de la Unión Europea y continúa amenazando a otros países con medidas similares. Sin embargo, surge la interrogante sobre si estos aranceles realmente constituyen una solución efectiva para corregir déficits comerciales persistentes como el que enfrenta Estados Unidos.

El déficit comercial estadounidense: Un desequilibrio estructural
El déficit comercial estadounidense superó los 918.000 millones de dólares en 2024, evidenciando un desequilibrio estructural prolongado. Según Manuel Alejandro Hidalgo, economista y autor del artículo en El País, la evidencia económica acumulada tras décadas de investigación sugiere que los aranceles son ineficaces cuando los desequilibrios comerciales son causados por diferencias estructurales en las tasas de ahorro entre países (Hidalgo, 2025).
La macroeconomía detrás del déficit comercial
El déficit o superávit comercial de un país equivale a la diferencia entre su inversión doméstica y su ahorro nacional. Cuando un país gasta más de lo que produce, inevitablemente debe importar más de lo que exporta. Por el contrario, un país que ahorra más de lo que necesita para mejorar su capital, exporta ese excedente mientras importa menos. Este desequilibrio no es necesariamente resultado de «malas negociaciones comerciales», sino una consecuencia matemática de gastar más de lo que se ahorra.

En este sentido, Hidalgo (2025) destaca que las diferencias en ventajas comparativas influyen en la composición del comercio, pero los desequilibrios agregados responden principalmente a los diferenciales de ahorro entre naciones.
El ahorro nacional: La clave del problema
Estados Unidos presenta una de las tasas de ahorro más bajas entre las economías desarrolladas. Esto, combinado con un déficit fiscal crónico, un sistema que incentiva el consumo sobre el ahorro y la posición privilegiada del dólar como moneda de reserva mundial, ha permitido a Estados Unidos mantener déficits comerciales persistentes. Pero, ¿qué ocurre cuando un país con un diferencial de ahorro tan elevado impone aranceles sin abordar la raíz del problema?
Los aranceles: Una solución con efectos secundarios
La imposición de aranceles puede alterar temporalmente la composición geográfica del déficit, desviando importaciones de un país a otro, pero no corrige el desequilibrio fundamental entre ahorro e inversión. Además, puede generar efectos secundarios negativos, como el aumento de precios para los consumidores y el encarecimiento de insumos para las empresas, reduciendo su competitividad global. La experiencia reciente, como la imposición de aranceles a China durante la administración Trump, confirma estas predicciones.
Ejemplo práctico: Aranceles a China
Cuando Estados Unidos impuso aranceles significativos a China, su déficit comercial total no se redujo; simplemente se redistribuyó hacia otros países asiáticos, generando una nueva dependencia comercial. En este caso Ediciones EL PAÍS S.L. (2025) como editor del artículo, hace un llamado a la reflexión sobre las medidas proteccionistas.
La solución: Cambios estructurales y cooperación internacional
Abordar eficazmente los desequilibrios comerciales globales requiere cambios estructurales en ambos extremos del espectro. Los países con déficit crónico, como Estados Unidos, deben implementar políticas que incrementen el ahorro nacional, incluyendo políticas fiscales más equilibradas, incentivos para el ahorro privado y mejoras en la competitividad sin recurrir al proteccionismo.
Medidas para países superavitarios
Paralelamente, las economías superavitarias como China y Alemania deben reorientar sus modelos económicos hacia el fortalecimiento de la demanda interna, la implementación de reformas que actualmente deprimen el consumo y la reducción de su dependencia de las exportaciones. La verdadera solución requiere un esfuerzo coordinado internacional que reconozca la interdependencia y promueva ajustes graduales en los patrones de ahorro e inversión globales.
Conclusión: Más allá de las fronteras comerciales
Mientras los debates políticos se centran en medidas proteccionistas de corto plazo, la evidencia económica sugiere que el camino hacia un comercio más equilibrado pasa por abordar las causas fundamentales: las profundas asimetrías en las tasas de ahorro nacional entre países. La próxima vez que escuchemos a un político prometiendo corregir el déficit comercial mediante aranceles, recordemos que los desequilibrios comerciales son, en esencia, desequilibrios de ahorro e inversión. Abordarlos requiere mirar más allá de las fronteras comerciales, hacia nuestros propios hábitos de consumo y políticas fiscales. El verdadero desafío no está en cómo comerciamos con otros, sino en cómo gestionamos nuestros recursos internos.