La revolución verde "made in China", la cara y la cruz de la transición ecológica en Europa
La hegemonía del gigante asiático en el sector verde se ha convertido en un quebradero de cabeza para la UE: necesita sus productos para cumplir con los objetivos de descarbonización, mientras busca evitar dependencias y proteger su industria.

El dominio industrial de China
China es el mayor productor mundial de manufacturas destinadas a la transición ecológica, con el coche eléctrico como punta de lanza; su liderazgo es también aplastante en el sector de la energía eólica y la solar.

En Europa, la dependencia de la producción china y de los recursos críticos necesarios para la transformación verde ha generado preocupación: se necesitan molinos, paneles solares y coches enchufables baratos para cumplir con los objetivos, pero al mismo tiempo se busca evitar una excesiva dependencia.
China es responsable del 60% de la capacidad mundial de fabricación de turbinas eólicas, de más del 80% de la fabricación de células solares y de casi el 40% de la fabricación de bombas de calor, según un informe de la Comisión Europea sobre las "distorsiones" de la economía china.
El informe cita numerosos ejemplos de ayudas directas, como reducciones de impuestos o tratos preferenciales en concursos públicos, e incluso el posible uso de trabajo forzado.

Tensiones comerciales
La Comisión Europea ha expresado su preocupación por estas prácticas y ha anunciado una investigación sobre el coche eléctrico chino, lo que ha llevado a Pekín a denunciar el caso ante la Organización Mundial del Comercio y a replicar con aranceles e investigaciones a la importación de productos europeos.
En el sector del automóvil, la UE ha aprobado aranceles de hasta el 35,3% a los coches chinos como respuesta a los subsidios en su cadena de producción, mientras que China ha impuesto restricciones a la exportación de galio y germanio, esenciales para productos como los semiconductores y los paneles solares.
El dominio de China es, efectivamente, abrumador, según Francisco Carranza, consejero delegado de la española Basquevolt, empresa que persigue dotar a Europa de una batería de estado sólido.
"Se han posicionado de tal forma que controlan todas las capas del coche eléctrico, desde el vehículo hasta las materias primas pasando por las baterías. Es difícil llegar a un contexto en el que Europa pueda ser independiente de China".
La dependencia europea
A pesar de las preocupaciones, la UE sigue dependiendo de los productos chinos para su transición ecológica. Gran parte de los coches eléctricos europeos llevan baterías chinas, y el país asiático es el mayor proveedor mundial de materias primas críticas como el litio y el grafito.
Esta dependencia plantea retos para la seguridad económica y la autonomía estratégica de Europa, y ha generado un debate sobre la necesidad de reducir la dependencia de China y desarrollar alternativas nacionales.
La UE está invirtiendo en investigación y desarrollo para desarrollar sus propias tecnologías de baterías y cadenas de suministro de materias primas críticas, pero el proceso es complejo y llevará tiempo.
Mientras tanto, el gigante asiático sigue avanzando en su transición ecológica, impulsado por su enorme mercado interno y su capacidad de innovación. La UE se enfrenta al reto de equilibrar la necesidad de cooperación con China con la protección de sus propios intereses estratégicos.